Lunita Jungle Retreat Center · Puerto Morelos · Riviera Maya · México
SoyLa selva que me rodea llevaba aquí mucho más tiempo que yo. En la mañana, antes de cualquier voz humana, escuchas el amanecer con sus sonidos: los árboles, los pájaros, la percusión lenta de las hojas. La primera luz llega despacio, sin prisa, como si el día también supiera respirar.
TRES FORMAS DE ENTRAR
El túnel de la entrada lleva hacia mi selva. Es uno solo, y sin embargo sabe volverse distinto para cada alma: cambio de forma para quien llega, para que quien llega pueda, a su vez, transformarse.
PARA FACILITADORES
El primero de mis huéspedes guía un retiro para su gente. Buscaban un lugar que los sostuviera a ellos y a los suyos como un abrazo, y yo lo hice para ellos. Nunca más de veinte: recibo hasta veinte personas, porque así es como quiero ser.
Trae tu retiro a mí →PARA BUSCADORES
El segundo de mis huéspedes viaja en busca de sí mismo. Solo, en pareja, con un amigo o con toda la familia: siempre los recibo, con la misma calidez. Un programa hecho a tu medida: no tengo prisa por llenarte los días.
PARA EQUIPOS
El tercero de mis huéspedes trae a su propio equipo. Y no: no son días encerrados en una sala de juntas, con un tapete de yoga tirado en un rincón. Guiado por alguien que vivió el mundo corporativo: antes de Lunita, Lorenza pasó años dentro de él.
Cuéntale a Lorenza sobre tu equipo →EL ORIGEN
Nico cargó su visión durante cinco años. Su mamá, Lorenza —treinta y cinco años entre construir empresas en Italia y dirigir equipos en grandes multinacionales— le dijo que sí, y vino a construirla con él.
EL LUGAR
Soy un lugar íntimo, mágico y lleno de energía: recibo a veinte personas, no a doscientas, porque así lo deseo.
Tengo el don de estar a solo cuarenta minutos del Aeropuerto Internacional de Cancún, y aun así, a un mundo de distancia de todo lo demás.
PARA GRUPOS
Cuando un grupo se queda conmigo tres noches o más, cuatro ceremonias vienen incluidas con la reservación. Las guío yo misma, con intención, sin costo adicional.
Un chamán mexicano abre el retiro con una ceremonia de permiso: para la tierra, las cuatro direcciones, los cuatro elementos. Doy la bienvenida a tu grupo antes de que empiece cualquier actividad.
Nico, fotógrafo desde hace veinte años, captura las imágenes más bellas del retiro. Duran años: recuerdos para tus huéspedes, y para ti, el registro más verdadero de cómo se sintió.
Cerca del final, el grupo siembra algo junto: un árbol, un arbusto, lo que la tierra necesite. Se queda, crece, y un pedazo de ustedes permanece conmigo.
Un deseo de Lorenza, inspirado en el apapacho —«abrazar con el alma». Se pintan las manos y los brazos con colores intensos y se abrazan: el color llega hasta adentro.
Hay un paso nuevo que amo, aquí en mi selva: he comenzado a co-diseñar retiros, junto a facilitadores que de verdad conozco. No de nombre, sino porque han cruzado mi túnel decenas de veces.
¿Eres facilitador? ¿Tienes una visión que, en sintonía conmigo, podría echar raíces aquí? Cuéntame de ti y de tu idea. Aquí es donde todo empieza.
LA PRUEBA
Dieciséis. Ese es el número de facilitadores que han vuelto a dar un retiro conmigo. Un poco más de tres años y medio desde que abrí, y este es el número del que estoy más orgullosa: más que las reseñas, más que las estrellas.
Sol y Luna. Mis dos perros, que salieron de la selva justo la semana de mi primer retiro, y decidieron quedarse conmigo. Viven libres entre mis árboles, y cada mañana pasan por las cabañas a pedir su cariño.
GUÍA DESTACADA
Lo que hemos aprendido en tres años recibiendo grupos.
También puedes escribirnos un mensaje o agendar una llamada gratis. Respondemos en un máximo de dos días hábiles.
Tres caminos, una selva. El siguiente paso es tuyo.
Y cuido no solo este rincón intacto del paraíso, sino también a quienes entran en él. Siempre.